La industria del fitness está podrida

Exposición Arnold Classic

Desde hace unos años, la industria del fitness se ha convertido en la gallina de los huevos de oro de centenares de empresas que han volcado su actividad hacia este sector y no es nada anormal esta estrategia ya que la demanda de estos productos está aumentando exponencialmente.

Es prácticamente imposible aguantar un solo día sin respirar fitness o culto al cuerpo como se llama ahora. Mires donde mires, ahí está. Si enciendes la radio por la mañana tienes que escuchar el anuncio de esas barritas energéticas light que te harán bajar de peso de forma rápida y sin ningún esfuerzo. Además, si nos detenemos a pensar, no tiene ningún sentido anunciar un producto energético bajo en calorías, ya que la energía proviene de las calorías, ¿Qué contradicción no? Aunque ahora lo que está de moda no son los alimentos light, sino los de liberación sostenida… En fin, regresemos a donde estábamos, si después de escuchar el anuncio de esas fantásticas y revolucionarias barritas que te harán perder 5 kgs en una semana enciendes el televisor para ver las noticias deportivas, verás a Cristiano Ronaldo anunciando su nueva línea de ropa interior (luego si sobra tiempo emitirán algo relacionado con deportes, bueno, solo con fútbol), si vas a la peluquería, especialmente de caballero, no podrán faltar las revistas de fitness, o como a mi me gusta llamarlas: “Catálogos de suplementos con algo de lectura”.

Revistas de suplementos

El fitness no es una moda, es ya un estilo de vida, no puedes salir a la calle sin ver a alguien corriendo con sus auriculares por tu ciudad, ni acostarte sin ver el anuncio de esa chica joven y atractiva que se levanta por las mañanas con tan buen humor porque está tomando X cereales y está ganando su batalla personal contra la báscula. Esto es genial, es mucho más saludable salir a correr que emborracharte en las fiestas de tu pueblo y es mucho mejor tratar de cuidar tu alimentación que dejarse llevar por las cadenas de comida rápida. El problema viene cuando las grandes empresas convierten esas ganas y esa motivación que tienes para conseguir un cuerpo y una mente saludable en una necesidad, y por tanto, en tu debilidad.

Cada palabra de sus eslóganes esta cuidadosamente seleccionada, cada fotograma de sus anuncios está rodado al detalle (y no es para menos teniendo en cuenta lo que cuesta 1 segundo de publicidad en la televisión), cada fotografía, cada color, cada olor… todo está seleccionado por un motivo: VENDER

Ninguna empresa puede venderte el cuerpo de este actor, o de aquel culturista y sin embargo lo hacen porque saben que la gente lo compra. Están vendiendo humo.

Detrás de cada cuerpo atlético, de cada gramo de grasa perdido, de cada músculo marcado hay un trabajo que no se ve, que las empresas no quieren que veamos. Ellas prefieren que veamos a ese hombre musculoso ejercitando sus abdominales en el Abdominator2000 con una sonrisa en la cara afirmando que ha conseguido ese cuerpo en 15 días mientras veía la televisión con ese aparato revolucionario que casualmente en el momento en que ves el anuncio está a mitad de precio y que además si llamas ahora, recibirás otro gratis… En el fitness como en la vida, si quieres algo, tienes que luchar por ello. Y en este punto es donde viene mi reivindicación.

Soy de los que piensan que el marketing es fascinante, pero también se que es una espada de doble filo. Me parece perfecto que las empresas luchen por aumentar su cuota de mercado, pero por favor, sed honestas.

Publicidad engañosa

Cuando comencé en el gimnasio cometí todos y cada uno de los errores que se pueden cometer: comía como un pajarito para no acumular grasa (tenía 17 años y pesaba 65kg…) realizaba el entrenamiento del Mr Olympia de turno (oye, siempre hay que hacer caso a los grandes de tu deporte), me gastaba más dinero en botes con polvos mágicos que en comida (y cuanto más fuerte estuviera el modelo que lo anunciaba y más colores tuviera el bote, mejor). Poco a poco me fui dando cuenta de que por más que lo intentaba, los resultados no llegaban, o al menos no de la forma que yo esperaba ya que yo lo estaba haciendo todo bien. Comía todos los productos light que me encontraba en el supermercado, seguía el entrenamiento que usaba el mejor culturista del mundo y consumía todos los suplementos de moda para que mi recuperación y crecimiento fueran óptimos.

Es en este punto, que seguro que os resulta muy familiar a muchos de vosotros, es donde se te presentan 2 alternativas. La primera es decidir que el esfuerzo invertido ha sido desproporcionado al resultado obtenido y simplemente abandonar. Es una decisión racional, si algo no funciona hay que cambiarlo, no hay discusión. Pero mi deseo por seguir, era más fuerte que mis ganas de abandonar, lo que nos lleva a la segunda alternativa que es hacer la pregunta mágica: ¿Por qué? Esta pregunta me hizo olvidarme de esta industria podrida y buscar otras fuentes de conocimientos alternativas al típico monitor de gimnasio. Aprendí a buscar y contrastar información y tras cuestionarlo todo, me di cuenta que lo único que estaba haciendo bien hasta ese momento era pagar la mensualidad del gimnasio al principio del mes.

A partir de ahí se abrió un nuevo camino que inicié principalmente para protegerme de los gurús y los cantos de sirena de estos genios del marketing, un camino paralelo a este sector que me hace ir con pies de plomo, huir de estos encantadores de serpientes y proteger mi cartera ya que me niego a formar parte de este despropósito y de esta cantidad de mentiras que intentan hacernos creer, porque yo sería incapaz de jugar con la ilusión de un chico de 17 años que entra por primera vez en un gimnasio. Pero también hay que entenderlos a ellos, supongo que inventar un eslogan que rime con entrena, come y duerme debe de ser más difícil y por supuesto, menos rentable.

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