Glucosa: Cómo la utilizamos y cómo se transporta

carbohidratos y utilizacion de la glucosa

Cuando hablamos de la insulina, nos solemos referir a ella como la encargada de transportar glucosa a las células. Pero la realidad es mucho más compleja y en este artículo os voy a contar cómo realmente viaja la glucosa a través de nuestro organismo e intentaré hacerlo de una manera sencilla para que se entienda bien.

Lo primero que debes saber, es que técnicamente la insulina no es la encargada de meter la glucosa en las células. Si así fuera, la glucosa no podría entrar en el páncreas en primer lugar para activar la producción de insulina. Del transporte por tanto, se encargan unas estructuras especializadas denominadas GLUTs (glucose transporters) que son unas proteínas ubicadas en nuestras células encargadas de transportar la glucosa, como su nombre anglosajón nos indica.

Existen 14 tipos de GLUTs con nombres extremadamente creativos como: GLUT1, GLUT2, GLUT3… (El que bautizó estas estructuras debió ser el mismo que le puso nombre a la «sala de espera»). Bromas a parte, no todas estas estructuras transportan glucosa, algunas transportan fructosa (GLUT5) y otras transportan polialcoholes.

Los GLUTs y la glucosa

Las células que contienen GLUT1-3 están siempre preparadas para absorber la glucosa haya o no haya insulina de por medio. Este es el caso del hígado y de otras células del sistema nervioso.

Los siguientes GLUTs de interés son los GLUT4 y los GLUT12 porque son los que predominan en el tejido muscular. Ambos, al igual que los GLUT1-3 transportan glucosa, pero la diferencia es que no se encuentran en la superficie de la célula, se encuentran «enterrados» impidiendo así que puedan recibir la glucosa, incluso si los niveles de azúcar en sangre aumentan hasta niveles peligrosos para la salud.

Para que estos GLUTs salgan a la superficie celular, necesitan la presencia de insulina, y una vez que han salido a la superficie ya pueden recoger la glucosa del torrente sanguíneo e introducirla dentro de la célula, donde se utilizará como energía o se almacenará en forma de glucógeno o triglicéridos.

Ejemplo práctico

Cuando te comes un plátano, éste se digiere y se transforma en glucosa dentro del torrente sanguíneo. En ese momento, cualquier célula que contenga GLUT1-3 empezará a absorber esa glucosa: El hígado, el sistema nervioso y más importante aun para este ejemplo, el páncreas.

Las células beta del páncreas comienzan a segregar insulina en respuesta a esa glucosa y cuanta más glucosa haya en el torrente sanguíneo, más insulina se libera. A partir de ahí, con la presencia ya de la insulina, los transportadores GLUT4 y GLUT12 salen a la superficie celular y pueden empezar a absorber también la glucosa.

El problema de esto, es que este tipo de transportadores no se encuentran solo en el tejido muscular como ya he comentado, sino que las células grasas desafortunadamente también tienen abundantes GLUT4 y GLUT12, lo que hace que a priori tengas las mismas posibilidades de que esa glucosa vaya a tus bíceps o a tus michelines. Ahí es donde entra la sensibilidad a la insulina.

Sensibilidad a la insulina y utilización de la glucosa

Si nos centramos solo en el transporte de la glucosa, la sensibilidad a la insulina solo significa la facilidad que tienen los GLUT4 y GLUT12 para salir a la superficie a recoger esa glucosa. Una persona con mayor masa muscular, tendrá mucho más tejido magro para absorber la glucosa, mientras que una persona con sobrepeso tendrá muchas más células grasas que podrán alimentarse también de esa glucosa. Ser sensible a la insulina significa por tanto que tanto los músculos como las células grasas pueden recoger glucosa de forma eficiente.

Cuando los GLUT4 y GLUT12 reaccionan muy bien a la presencia insulina, se dice que eres muy sensible a la insulina, mientras que si algunos de estos GLUTs tienen dificultades para salir a la superficie, significa que existe algún grado de insensibilidad a la insulina hasta llegar a un punto en que prácticamente no sale ninguno a la superficie (resistencia a la insulina severa).

Cuando eres completamente resistente a la insulina ocurren 2 cosas:

  • Por un lado, tus células musculares no pueden absorber la glucosa haciendo que otros GLUTs del cerebro y otros tejidos tengan que realizar un sobreesfuerzo para absorberla, dejándote cansado, perezoso y con dificultades para concentrarte.
  • Por otro lado, las células grasas funcionan de la misma manera por lo que será más difícil almacenar esa glucosa como grasa. El problema es que el cuerpo pensará que necesitas más insulina para ayudar a absorber la glucosa que circula por tu torrente sanguíneo y te dará señales continuas para consumir alimentos que hacen generar insulina más rápido: Comida basura, formándose así un círculo vicioso (te recomiendo escuchar el episodio del sobrepeso donde hablo de esto de forma más extensa).

En el escenario opuesto, cuando eres más sensible a la insulina, tus músculos se aprovecharán y tendrán la oportunidad de hacerse más grandes, pero esa oportunidad también la tienen las células grasas y esto no suena tan bien.

La actividad física y la absorción de glucosa

Lo que has leído previamente puede sonar desalentador. Puedes pensar que la sensibilidad a la insulina es algo que escapa a nuestro control. Cualquier cambio que afecte a la sensibilidad insulínica afectará tanto a tus músculos como a tu grasa corporal. Parece que no hay mucho que podamos hacer.

Sin embargo ¿Crees que la habilidad para hacer «emerger» SOLO los GLUT4 y GLUT12 de las células musculares sería interesante? Esto sería como un super-poder que volvería a darnos el control sobre nuestro cuerpo pudiendo decidir donde enviar la glucosa. Afortunadamente esto es real y se consigue con entrenamiento de pesas.

Las contracciones musculares generadas tras un entrenamiento en el gimnasio, hacen que los GLUT4 y los GLUT12 ubicados en las células musculares, salgan a la superficie sin necesidad de insulina. Lo que ocurre con esto es por una parte, que los músculos absorban más glucosa (dejando menos glucosa disponible para las células grasas) y por otra parte, al hacer que la glucosa en sangre disminuya, se libera menos insulina, lo que hace que las células grasas puedan absorber aun menos glucosa.

Esto es extraordinario ya que ahora, la recuperación muscular y la resíntesis de glucógeno no depende de la insulina, sino de la cantidad de carbohidratos disponible en nuestro cuerpo. Ahora bien, esto no tiene nada que ver con ser más sensible a la insulina, simplemente significa que el entrenamiento consigue efectos similares a la insulina pero sin insulina. Esto básicamente, nos hace elegir qué tejido queremos que se quede con esa glucosa que circula por nuestro organismo.

Otra de las ventajas del entrenamiento con cargas, no es solo que los transportadores de glucosa salgan a la superficie sin usar insulina, sino que también aumenta la concentración de GLUT4 y GLUT12 dentro de las células musculares, por lo que no solo se activan con el entrenamiento sino que además, hay más transportadores que activar haciendo que estas células puedan absorber la glucosa más rápido bien para producir energía inmediata o almacenarla en el músculo para más tarde.

Además, con el paso del tiempo, el entrenamiento con pesas hace a los músculos más sensibles a la insulina ya que de alguna manera estamos «entrenando» a las células musculares para que recojan la glucosa de forma más eficiente que las células grasas. De tal forma que, cuando se vuelve a la calma tras un entrenamiento y todos los procesos del cuerpo vuelven a la normalidad, las células musculares reaccionan más fuerte y mejor a la presencia de insulina de lo que pueden hacerlo las células grasas, dejando a éstas menos parte del pastel.

Como ves, el entrenamiento con cargas no te hace solo tener unos músculos bonitos frente al espejo, sino que genera cambios bioquímicos en el cuerpo de vital importancia tanto a nivel de aspecto físico como a nivel de salud. Una persona obesa podrá mejorar su sensibilidad a la insulina simplemente suprimiendo la comida basura, comiendo más verduras y caminando 30 minutos al día, pero una persona con unos marcadores de salud óptimos que quiera mejorar esa capacidad, deberá hilar más fino en cuanto a la nutrición y prestar especial atención al entrenamiento para conseguirlo. El cuerpo humano es una máquina maravillosa.

 

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