143. #Summercast 3 Lecciones de la leyenda del culturismo Bill Pearl

¿Quién es Bill Pearl?

Puede que algunos de vosotros no conozcáis a Bill Pearl o que no sepáis el impacto que tuvo en toda la industria. A mi me gusta explicarlo de esta manera: Bill Pearl era Arnold antes de que estuviera Arnold.

Bill Pearl fue el primer culturista superestrella y sus primeros libros deberían considerarse lectura obligatoria especialmente el de Keys to the Inner Universe.

Yo conocí a Bill en el verano de 1989 cuando estuve trabajando en el prestigioso Muscle Camp en Los Angeles. Mi trabajo era abrir el gimnasio cada mañana. Llegaba allí a las 4:30 de la mañana y aún recuerdo como los fluorescentes tardaban alrededor de 15 minutos en encenderse por completo.

La mitad de mi calentamiento la hacía a oscuras. Prácticamente tenía todo el gimnasio para mi solo, hasta que Bill Pearl empezó a llegar más o menos a la misma hora. Cuando me presenté, él me dio la mano y me dijo:

Ha sido un placer verte de entrenar.

Eso era algo en lo que destacaba Bill Pearl. Incluso con su alargada sombra, siempre te hacía sentir la persona más importante en cada conversación. Le pregunté a Bill que si tenía algún consejo para mí, me encantaría escucharlo. Y afortunadamente, tenía muchos.

Él fue quien me impartió las siguientes lecciones hace más de 30 años, pero son lecciones que podéis y deberíais aplicar desde hoy mismo.

1. Deja de entrenar como si tuvieras algo que demostrar, y en lugar de eso, entrena como si tuvieras algo que conseguir.

A la siguiente mañana, Bill me cogió en privado y me dijo: Scott, ¿Qué estás tratando de conseguir con tu entrenamiento? Aún recuerdo no ser capaz de darle a Bill una respuesta razonable más allá de alguna respuesta de niño de guardería haciendo  referencia al grupo muscular que estaba trabajando.

Él me dijo que parecía que entrenaba como si tuviera algo que demostrar, pero que en lugar de eso, cada entrenamiento debería basarse en algo que conseguir, más allá de los números y del esfuerzo invertido.

Y tenía razón. Entrenaba como si tuviera algo que demostrar. Ya que nunca fui tan fuerte como el resto de culturistas de mi tamaño, siempre trataba de hacer más trabajo que ellos. Y Bill se dio cuenta enseguida. En lugar de entrenar para construir mis pectorales, por ejemplo, entrenaba para levantar más en mi press de banca.

Era como todos esos chicos que veis ahora en el gimnasio cada semana empezando siempre con el press de banca, siempre con los mismos pesos, mismas repeticiones y la misma mala técnica.

Ya sabéis, un ayudante cogiendo la barra por detrás y haciendo un ejercicio híbrido entre press de banca y remo al mentón. Y luego, todos los demás ejercicios siguen siendo ejercicios para machacar el pecho.

Pregúntales que están intentando conseguir y no sabrán decírtelo.

Y todos hemos visto ese chico con piernas esmirriadas cargar al máximo la prensa de piernas para hacer un rango de recorrido de solo un par de centímetros. Eso es entrenar como si tuvieras algo que demostrar, en lugar de entrenar como si tuvieras algo que conseguir: un objetivo.

No se la cantidad de carreras que he visto terminarse por culpa de roturas, desgarros y hernias por culpa de gente que entrenaba como si tuviera algo que demostrar en lugar de algo que conseguir.

Puede ser por esos compañeros de entrenamiento motivándote a hacer más repeticiones incluso cuando la técnica se perdía, o por esa gente añadiendo más y más peso al press de banca o a la sentadilla o a otros ejercicios solamente por seguir el ritmo a su compañero de entreno o por tener expectativas poco reales. Todo esto solo lleva a malos resultados.

Entrenar como si tuvieras algo que conseguir en lugar de entrenar como si tuvieras algo que demostrar te pone en una mejor posición de madurez. Empieza por pensar en tu entrenamiento y en lo que quieres conseguir con él, más allá de los números.

Deja el ego en la puerta del gimnasio.

2. Aprende haciendo, pero también observando

En ese momento, el campeonato del Mr Olympia estaba a la vuelta de la esquina y los mayores pros iban a venir al Muscle Camp para entrenar.

Una mañana Bill me pidió quedar en el gimnasio cuando estaba más lleno. Fui allí y el gimnasio estaba lleno de gente incluyendo algunos pros, entre los cuales estaba el Mr Olympia regente Lee Haney.

Recuerdo estar preguntándome que tipo de entrenamiento sería el que me pondría Bill ese día, pero cuando llegué allí, me dijo que habíamos ido allí solamente a mirar, a mirar a todo el mundo. Desde las personas de a pie, hasta a los mejores profesionales y amateurs. Al principio, fue un poco decepcionante, pero poco a poco, veía cuál era su intención.

Bill señalaba a alguien entrenando y me preguntaba que qué veía. En un lado del gimnasio estaba el clásico aspirante a Mr Olympia haciendo press de banca con un ayudante. Estaba sufriendo, realmente sufriendo para completar un par de repeticiones con 140 kilos.

Su técnica era horrible y su compañero le estaba ayudando a conseguir un par de repeticiones forzadas. Esto en ese momento fue bastante chocante, porque recordaba haber visto a ese mismo culturista unos meses antes en una de las revistas de culturismo más populares levantando 180 kilos. Era obvio que algunos de esos pesos eran falsos.

En otra esquina del gimnasio estaba Lee Haney entrenando la espalda y los hombros, y nunca olvidaré esa imagen. Nunca había visto nada como eso.

Con Lee Haney parecía que habia alguna especie de simbiosis entre la barra que estaba usando y su propio cuerpo.

A diferencia del otro competidor del Mr Olympia, no podrías adivinar donde terminaba la barra y donde empezaba el cuerpo de Lee. Parecían trabajar juntos como una única unidad.

Más importante, Lee parecía entrenar increiblemente ligero comparado con los demás. Solamente tenía 85 kilos para hacer remo con barra y cuando empezó a hacer preses tras nuca, solamente usaba un disco de 15 kilos a cada lado de la barra y solamente añadió 5 kilos más por lado, más adelante.

Estaba entrenando muy duro pero no le veías sufriendo. La velocidad de sus repeticiones era equilibrada y firme. Era armonioso y rítmico de ver, especialmente viendo cómo entrenaban los demás.

Esa noche, Lee Haney estuvo en una mesa redonda y yo le pregunté que por qué parecía entrenar tan ligero. Su respuesta hizo que pareciera que había estado escuchando a escondidas mi conversación con Bill.

Me dijo:

Escucha, yo no voy al gimnasio a impresionarte a ti o a impresionar a nadie con el peso que levanto o con cómo de duro entreno. Yo voy al gimnasio con algo que conseguir y cuando lo hago, he terminado. Escucho a mi cuerpo y entreno acorde a él.

Me había dicho casi lo mismo que me dijo Bill en la lección número 1. Incluso incluyó la misma palabra conseguir.

La lección aquí es que si prestas atención a las cosas, puedes aprender mucho. Si algo se ve mal cuando alguien está haciendo un ejercicio, probablemente esté haciendo algo mal. Si algo parece fluido y armónico, entonces probablemente es correcto.

Si utilizas estas observaciones para comprobar si el ejercicio que estás viendo es correcto o incorrecto, entonces empezarás a adquirir conocimiento real que puedes obtener y aplicar en cualquier momento.

3. Entrena el músculo, no el movimiento

Bill me preguntó que si yo tenía ejercicios favoritos para cada parte del cuerpo. Mi respuesta fue, por supuesto que sí. Bill me dijo que doblara el trabajo de esos ejercicios sin importar las modas que hubiera. Para Bill no tenía sentido hacer ejercicios que no pudieras sentir el músculo trabajando.

Esto es algo que sigue causando confusión a día de hoy. Muchos expertos en el campo de la fuerza y el acondicionamiento físico te dicen que entrenes el movimiento, no los músculos, cuando es justo al revés. Deberías entrenar el músculo, no el movimiento.

Estos expertos se decantan por ejercicios como el press de banca y te dicen cuantas dominadas deberías ser capaz de hacer, haciendo énfasis en la importancia que tienen todos estos movimientos.

Sin embargo, los expertos en la fuerza no son expertos en el desarrollo físico como Bill Pearl o Lee Haney o Dorian Yates. En los 90, Dorian Yates, irrumpió en escena con un desarrollo físico colosal y su selección de ejercicio tenía marcada esta regla: Entrena el músculo, no el movimiento.

Por ejemplo, la máquina de pullover. Hasta ese momento, la máquina de pullover estaba en la mayoría de los gimnasios acumulando polvo. Dorian hizo que esa máquina volviera a ser popular. Él también popularizó el remo a 45 grados que en muchos sitios se llama incluso remo Yates.

Pero la cosa es, que al igual que Bill o Lee, Dorian explicó que escogió esos ejercicios porque conseguía sentir los músculos trabajando en cada repetición.

Estaba trabajando el músculo, no el movimiento, y ese principio le guió para utilizar diferentes ejercicios de diferentes formas o hacer ejercicios conocidos de forma distinta para conseguir lo que se había propuesto en cada entrenamiento.

¿Esto sirvió para que la gente joven aprendiera esta lección? No.

La mayoría de personas que iban al gimnasio, buscaban la máquina de pullover y hacían remo a 45 grados. Solo se preocupaban de entrenar el movimiento, no el músculo, sin tener en cuenta lo que había detrás de por qué Dorian escogía esos ejercicios y esa manera de realizarlos.

Perdían toda la esencia de la selección de ejercicio. Al contrario que alguien como yo. Yo por ejemplo siempre estuve a favor de un remo a 90 grados durante toda mi carrera porque eso me hacía sentir el movimiento mucho mejor. De igual forma, por lo que Bill me enseñó, acabé dejando el press de banca porque otros ejercicios me hacían sentir un trabajo más eficiente en el pectoral.

Además, eso de «entrena para ganar fuerza y el desarrollo físico llegará» es un gran mito de esta industria. Si realmente quieres un cuerpo desarrollado y equilibrado, entonces la mejor frase es entrena para desarrollar tu físico y la fuerza llegará.

Aprende de una leyenda. Yo lo hice, y me ayudó a forjar una carrera de más de 4 décadas.

Resumiendo: 

  1. Deja de entrenar como si tuvieras algo que demostrar y entrena como si tuvieras algo que conseguir.
  2. Aprende no solo haciendo, sino también observando.
  3. Para desarrollar tu físico, entrena pensando en el músculo, no en el movimiento.

Autor: Scott Abel

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